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Taller para Parejas |
Nuestros Hijos
Ahora bien, ese control y autoridad de los padres no se cultivan a través del castigo físico, acusaciones, cantaletas (sermones), comparaciones indebidas y ridículo. Tampoco se logra ignorando a los hijos o consintiendoles excesivamente. Ambos extremos son igualmente dañinos. En el primer caso, ese control excesivo y abusivo crea en los hijos la sensación de poca auto-valoración (baja autoestima) entre otros problemas. En el segundo caso, la actitud supertolerante de los padres ayuda a formar un hijo engreido y malcriado. Existen muchos puntos importantes a considerar cuando pensamos en establecer un adecuado control de nuestros hijos. El primer criterio debe ser siempre el tomar en cuenta las necesidades del hijo. La razón principal de establecer disciplina a nuestros hijos es ante todo, asegurar su bienestar actual y futuro. A parte de mantener como norte las necesidades del hijo debemos tomar en cuenta el bien común de la familia. Debemos también recordar que el control tiene siempre que ser ejercido con amor. La disciplina tiene que invitar a crecer. Esta debe darse en un clima de ternura y amor. Cuando esa ternura y amor son el clima habitual de la familia, el ejercicio de la autoridad y el consecuente control que los padres ejercen, asume las características de eficacia, seriedad y compromiso. En un ambiente asi la corección que los padres impongan los percibe el hijo como una llamada a mejorar su conducta en vez de ser un mensaje negativo para su persona. A medida que los hijos se vuelven mayores y asumen mayor responsabilidad, el control externo de los padres disminuye para dar paso a un mayor autocontrol. Hacia la adolescencia es necesario tratar de encontrar la justa medida de control. Una actitud firme pero respetuosa de parte de los padres permitira al muchacho asumir responsabilidad por sus actos, valorar las consecuencias de los mismos y sacar experiencia de cada nuevo aprendizaje. Cuando un hijo se equivoca o comete un error, en lugar de recriminarle o burlarse de él, conviene ensenarle a enmendar lo que hizo mal y a arreglar lo que está descompuesto. Ofrecerle a los hijos alternativas, en vez de respuestas tajantes o meras prohibiciones, les ayudara a asumir responsabilidades y a decidir por si mismos. Padres e hijos tienen una tarea comun y es la de crecer juntos como personas. Un hijo no es un juguete de los padres, ni su munequito, ni una prolongación para que lleve el apellido de la familia. Es un ser humano único digno de ser amado por ser quien es. Renovación Conyugal provee a través del proyecto de Escuela Para Padres herramientas de ayuda a los padres. |